Había una vez una mujer muy hermosa y muy buena que tenía dos hijos y una tijera que cortaba la tierra. Un día fue a vivir a una isla con sus dos hijos. Y en esa isla no había nada, nada; ni un árbol, ni una flor, ni un ave, ni un insecto. No había nada más que tierra, agua, y cielo.
Entonces la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una vaca de tierra. Y la vaca salió caminando y tomó agua. Y la madre ordeñó a la vaca. Varias veces colmó de leche el cuenco de su mano. Y los hijos bebieron una leche blanca, tibia y espumosa. Y la vaca, que tenía dos ojos grandes de vaca, miró a la madre con una infinita ternura.
Después, la madre cortó con la tijera varios pedazos de tierra e hizo juguetes para que jugaran sus hijos. Hizo un perro; el perro vivió y fue un perro. Hizo un caballo; el caballo vivió y fue un caballo. Hizo un tren con ruedas y con humo. Y el tren comenzó a andar por las vías. Y los hijos lo manejaron. Y como los hijos estaban desnudos, la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una gorra y un traje de guarda. Y un hijo fue maquinista y el otro hijo fue guarda. Entonces la madre cortó varios pedazos de tierra con la tijera. Hizo estaciones, barreras, horarios y campanas. Y el tren andaba y se detenía en las estaciones.
La madre con la tijera cortó un pedazo de tierra e hizo un gato de tierra; un gato con un cascabel en una oreja. Y le puso un cascabel en una oreja para que lo sintieran llegar los ratones y escaparan, y el gato no pudiera comerlos.
Después siguió cortando pedazos de tierra. Hizo más de doscientos ratones. Y los ratones corrieron. Todos con ojos y cola y con dientes y uñas. Y los ratones con las uñas escarbaron la tierra y se escondieron en las cuevas.
Después hizo un reloj. Un reloj con dos agujas puntiagudas y luminosas que marcaban la una, las dos, las tres, las cuatro, las cinco, las seis, las siete, las ocho, las nueve, las diez, las once, las doce. Después hizo un gallo. Y el gallo cantó, y el reloj comenzó a andar. Y sonaron en el reloj cinco campanadas. Y el reloj tuvo desde entonces un corazón que hacía: tic-tac, tic-tac. Un corazón de veinticuatro horas.
Después hizo una pala. Y con la pala removió la tierra. Trabajaba cantando y los hijos cantaban a su lado. Hizo una huerta. Después cortó con la tijera pedazos de tierra, muy pequeños y redondos, como ojos de hormiga, y le dijo a los hijos:
_Hijos, son semillas.
Y las sembró
Después, dijo:
_Ahora hay que regar la tierra.
Y cortó con la tijera, en el aire, unos hilos largos de lluvia. Y fue la lluvia. El agua que regó la tierra donde la madre había sembrado las semillas.
_Hijos _dijo la madre_, llueve. Protéjanse bajo un árbol.
Y se acordó de que en la isla no había un solo árbol. Y rápidamente cortó con la tijera pedazos de tierra. Hizo un árbol, y otro, y otro. Y creció un monte. Y los hijos se cobijaron bajo los árboles y no se mojaron.
Después cortó con la tijera otro pedazo de tierra. Hizo un espantapájaros y lo puso en la huerta. Y como al espantapájaros, en medio del pecho, hacia la izquierda, le latió un corazón, siguió cortando pedazos de tierra, e hizo pájaros. Centenares, millares de pájaros salían de sus manos y volaban. Y al contacto del aire y la luz, le brillaban las plumas y le nacían colores, y cantaban la dicha de vivir libres y de ser músicos.
Y vinieron los pájaros a posarse sobre los brazos abiertos del espantapájaros, y anidaron en la copa del sombrero, en los bolsillos del saco y en las botamangas del pantalón.
Y antes de que llegara la noche de ese día, la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una casa que tenía puertas, ventanas y una veleta en la parte más alta. Y cuando terminó de recortar la veleta, se abrió la puerta de calle y entraron en la casa la madre con los dos hijos tomados de la mano. Y anduvieron por toda la casa. Y como la casa estaba vacía, la madre salió al monte y con la tijera cortó ramas de árboles. Y con las ramas de los árboles hizo camas, sillas, mesas, que se fueron distribuyendo por la casa y se ordenaron cada una en su sitio. Y cuando la madre llegó a la cocina, hizo con la tijera y un poco de fuego, ollas, cacerolas, sartenes, fuentes, platos, tazas y cubiertos.
Después hizo dos canillas; abrió las canillas, y salió agua. Después se sentaron en las sillas alrededor de la mesa, y comieron. Después se acostaron, y fue la noche. Y durmieron.
Al día siguiente, la madre con la tijera y pedazos de tierra, hizo ovejas, corderos, un molino, mariposas, los grillos, y giraron las aspas del molino. Pero las luciérnagas se quedaron planas; eran un dibujo en la tierra. Sólo se animaron al oscurecer, y volaron para iluminar la casa y los caminos que rodeaban la casa.
Una tarde llegaron unos botes con un grupo de isleños que vivían en las islas vecinas. Y se quedaron asombrados al ver lo que había hecho una mujer cortando pedazos de tierra con una tijera.
Unos decían: "Es mágica"; otros decían: "Es un duende"; otros decían: "Es un milagro"; otros callaban.
Y al volver contaron lo que habían visto con sus propios ojos. Lo contaron a los niños, a los jóvenes y a los viejos abuelos que estaban sentados y fumaban en pipa. Y éstos, a su vez, lo contaron a los marineros y a los pescadores que al regresar contaban a la mujer, a los hijos y a los viejos abuelos las historias que oían de labios de isleños, esta vez narraron como si fuera un cuento: "Había una mujer que tenía dos hijos y con una tijera..."
Y un día llovió. Llovió un día entero desde la mañana hasta la noche. Después sopló un fuerte viento que quebró las ramas de los árboles y castigó con violencia los techos y los aleros de las casas.
Y al otro día siguió lloviendo, y siguió lloviendo durante varios días.
Y crecieron ríos y arroyos. Todo desapareció bajo el agua: los caminos, las huertas, los árboles, las vivienda. Y los isleños se fueron con sus botes y remando llegaron a un pueblo que estaba en lo alto de una colina. Y desde allí miraban hacia abajo, y era agua y camalotes. Y arriba un cielo del mismo color del agua. Y la lluvia, la lluvia.
De pronto un viejo preguntó por aquella mujer que unos creían que era una maga, otros un duende, y que había hecho tantos milagros cortando pedazos de tierra con una tijera.
Y todos los isleños se preguntaron:
_¿Dónde estará? ¿Qué será de ella y de sus hijos?
Y un isleño dijo:
_Yo iré a buscarlos.
Y en ese preciso instante se quedaron inmóviles mirando el cielo.
_Ahí vienen_dijo alguien
Otros dijeron:
_Son barcos.
Otros:
_Es un monte con alas.
¿Y saben ustedes quiénes venían por el aire volando y descendieron en ese pueblo que estaba en lo alto de una colina?
Una mujer, dos niños, una vaca, un perro, un caballo, un tren, un gato con un cascabel, ratones, un reloj, un gallo, una pala, una huerta, un monte, un espantapájaros, una casa, una mesa, tres camas, tres sillas, ollas, cacerolas, mariposas, grillos, luciérnagas, corderos, ovejas, un molino, flores y millares de pájaros.
Y aquí termina el cuento de una mujer muy hermosa y muy buena que tenía dos hijos y una tijera que cortaba la tierra.
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