El confín del desahogo

Un espacio abierto al delirio y a la liberación.

miércoles, enero 27

*

A RHM que fue y nunca más volverá a ser


La calcomanía en la punta de la cama marca el día de quiebre
15 de enero de 2010 23:00hs
el lapsus final hasta tu cuello

ya no
ahora es de nuevo
borrarlo todo y empezar
a tejer ideas como:
ir a pasar un día al Tigre
sin vos

la calcomanía en la punta de la cama puesta a propósito
levanto las piernas contra la pared
me sostengo
sin vos
con él
por él
pero sobre todo,
por mí.

Acá estoy
soy yo
soy otra
no me conocés
¡afortunadamente!
muté
a pesar de,
el pozo de agua
y la caída abrupta
el desmayo

estoy acá
¡Hola!
Existo
y sigo existiendo
vos no
ya no
Punto.

Abro la ventana
para que entre luz
no me dejo
ésta soy
la que escribe para matar lo muerto.



*

lunes, enero 25

Clase Media

-
(...) Después hay como un hueco confuso, la sangre se fue de Tinti y él de nosotros, los serranos se ofrecieron para enterrarlo, yo me quedé en la cueva descansando aunque olía a vomito y a sudor frío, y curiosamente me dio por pensar en mi mejor amigo de otros tiempos, de antes de esa cesura en mi vida que me había arrancado a mi país para lanzarme a miles de kilómetros, a Luis, al desembarco en la isla, a esa cueva. Calculando la diferencia de hora imaginé que en ese momento, miércoles, estaría llegando a su consultorio, colgando el sombrero en la percha, echando una ojeada al correo. No era una alucinación, me bastaba pensar en esos años en que habíamos vivido tan cerca uno de otro en la ciudad, compartiendo la política, las mujeres y los libros, encontrándonos diariamente en el hospital; cada uno de sus gestos me era tan familiar, y esos gestos no eran solamente los suyos sino que abarcan todo mi mundo de entonces, a mí mismo, a mi mujer, a mi padre, abarcan mi periódico con sus editoriales inflados, mi café a mediodía con los médicos de guardia, mis lecturas y mis películas y mis ideales. Me pregunté que estaría pensando mi amigo de todo esto, de Luis o de mí, y fue como si viera dibujarse la respuesta en su cara (pero entonces era la fiebre, habría que tomar quinina), una cara pagada de sí misma, empastada por la buena vida y las buenas ediciones y la eficacia del bisturí acreditado. Ni siquiera hacía falta que abriera la boca para decirme yo pienso que tu revolución no es más que... No era en absoluto necesario, tenía que ser así, esas gentes no podían aceptar una mutación que ponía en descubierto las verdaderas razones de su misericordia fácil y a horario, de su caridad reglamentada y a escote, de su bonhomía entre iguales, de su antirracismo de salón pero cómo la nena se va a casar con ese mulato, che, de su catolicismo con dividendo anual y efemérides en las plazas embanderadas, de su literatura de tapioca, de su folklorismo en ejemplares numerados y mate con virola de plata, de sus reuniones de cancilleres genuflexos, de su estúpida agonía inevitable a corto o largo plazo (quinina, quinina, y de nuevo el asma). Pobre amigo, me daba lástima imaginarlo defendiendo como un idiota precisamente los falsos valores que iban a acabar con él o en el mejor de los casos con sus hijos; defendiendo el derecho feudal a la propiedad y a la riqueza ilimitadas; él que no tenía más que su consultorio y una casa bien puesta, defendiendo los principios de la Iglesia cuando el catolicismo burgués de su mujer no había servido más que para obligarlo a buscar consuelo en las amantes, defendiendo una supuesta libertad individual cuando la policía cerraba las universidades y censuraba las publicaciones, y defendiendo por miedo, por el horror al cambio, por el escepticismo y la desconfianza que eran los únicos dioses vivos en su pobre país perdido. Y en eso estaba cuando entró el Teniente a la carrera y me gritó que Luis vivía, que acababan de cerrar un enlace con el norte, que Luis estaba más vivo que la madre de la chingada, que había llegado a lo alto de la Sierra con cincuenta guajiros y todas las armas que le habían sacado a un batallón de regulares copado en una hondonada, y nos abrazamos como idiotas y dijimos esas cosas que después, por largo rato, dan rabia y vergüenza y perfume, porque eso y comer chivito asado y echar para adelante era lo único que tenía sentido, lo único que contaba y crecía mientras no nos animábamos a mirarnos en los ojos y encendíamos cigarros con el mismo tizón, con los ojos clavados atentamente en el tizón y secándonos las lágrimas que el humo nos arrancaba de acuerdo con sus conocidas propiedades lacrimógenes (...)

Cortázar, Julio. "Reunión" en Todos los fuegos el fuego.

-

domingo, enero 17

-

Acostada en el agua se deja llevar por la corriente que la empuja hacia la cascada de piedras y remansos. Sigue tratando de no hundir las piernas y mientras mira el cielo lejano que se abre inmenso. Hay algunas nubes y pájaros que se ven diminutos pero que de cerca deben ser bastante grandes: aguiluchos-águilas-o aves de la misma especie. Creo que vuelan porque están buscando a su presa para luego hacer la caída perfecta y cazar. Intenta conectarse a través de un hilo en línea recta que va directo a esos pájaros del cielo que tienen alas grandes e irregulares en las puntas. Se queda así, boca arriba, y trata de llegar y de hacer que todo el contexto de agua y gente a su alrededor desaparezca. Sólo la sensación de conexión es lo que le interesa desde el cielo hasta donde está ella, que no es un punto fijo porque está siempre en movimiento. Se va deslizando involuntariamente y no sabe realmente hacia dónde. Me preguntás si todavía escondo cosas, creo que podés percibir algo, tengo mucho adentro en estado de ebullición. Si querés podés meter tu caña filosa e intentar palpar la piel frágil sin romper la membrana que me separa de lo externo. Porque pienso que siempre algo hay que dejar, algo que no pase del otro lado y quede guardado y muera ahí, con uno mismo.

-

domingo, enero 10

!

lunes, diciembre 28

Uno de Iannuneta:

flujo vaginal


que el mundo
se sostenga
tan frágil

con hilos
de chicle globo
sin sabor

ya gastado
pasado de
boca en boca

masticado
hasta el cansancio
nunca
suficiente
para quebrarlo

ya ni fucsia
casi etílico
cada vez más
tirante
y frágil
--------------------------------
sé que fuí
un montón de
papel picado
desparramado
en una piñata

pero alguien
tenía que pinchar

y con el suelo
de yapas

estaba afuera
en el piso
de flujo
vaginal

tan triste fue ver
lo que antes
solo imaginaba
----------------------------------
nunca
pares
lluvia
decadencia
caída
a pique
sin nunca
piso
que
estamparse
como
un
paracaídas
que nunca
se abre
y un suelo
que nunca
llega
-------------------------------
tragás
el impacto
amargo

no pasa
sin filtro

no hay filtro
y no pasa

cuesta tanto
ese
no
tosco

el envido
no se quiere

me voy al mazo
-----------------------------------
tachar puntos
es lo mismo que
romper hilos
con los dientes

te señalo firme
con el dedo índice
del dedal

ya no siento
la cutícula
la yema

perdí otro sentido
preservo el gusto
cítrico
de pomelo rosado
----------------------------------------
me voy a pique
nomás

turbiedad
salvame
o aniquilame

pero no
una caida
floja

soledad
descalza
te clavás
los vidrios
te penetran
y ya no duele

no hay suelo
no hay yo
-------------------------------------------

lunes, diciembre 21

Cielo de ti

Una luna de tu noche tiene tiempo
una figura de tus manos
tiene mucho más
yo no tengo un solo signo tuyo en mí
ya no sé si quizás hay que jugar

Los gemidos de tu siesta
tienen tiempo
y los fantasmas que amas
tienen algo al fin
yo no tengo un solo rastro tuyo en mí
oh! mi amor, sólo cabe luchar

Sin despertar
es como te atarás
si no comprendes
tus ojos brillarán
sólo brillarán

Los desiertos y tus pasos
tienen tiempo
las mareas y las estelas
tienen cielo de ti
ojalá tuviese yo tu amor así
sin saber como entrar o salir





Spinetta


*

Un poema que encontré en un blog


MacriMen


mirá te digo lo que siento yo no miento
estoy buscando la salida sin aliento
no el aeropuerto
no la estación ni la parada ni la ruta
estoy buscando a este macri hijo de puta
no hace falta utilizar la fuerza bruta
aunque unas piñas no vendrían nada mal
después llevarlo en bondi lleno al hospital
para que espere en una cola sin igual
luego su cama se transforme en umbral
y que de noche se lo garche un animal

hay que saber moverse con cautela
el hijoeputa tiene mucha clientela
los MacriMen andan sueltos por los barrios
no los conoces pero te cruzas con varios
estos muchachos me hinchan los ovarios
muchos taxistas
economistas
y mala suerte también muchos periodistas

la policía
no es mi amiga
reprime y mata,
jode y clausura
por qué mejor no levantan la basura?
por qué mejor no cultivan más verdura
en vez de andar pidiendo mano dura?
me da pavura
su dictadura
al fin y al cabo siempre cargan con un chumbo
si no les gustas pueden mandarte a otro mundo

no soy violenta,
pero estas cosas la verdad que me calientan
y sin embargo
yo no me amargo
me hago cargo de que esto da para largo
y no me bajo
sigo puteando…

yo soy porteña
ay estos tipos están dejando una seña
quieren tenerla
para venderla
nuestra ciudad les importa cuatro mierdas
para ellos la cultura es paja pura
no así la usura
no así los bingos
ni las casas de san telmo para gringos
arreglan calles
enjaulan parques
¿a dónde van los que ahí dormían antes?

¡conciudadanos!
vamos al grano
por favor no nos lavemos las manos
es la pobreza
lo que interesa
pero no crean que yo soy santa teresa
a mí también me mata la pereza
a mí también me gusta la cerveza
me gusta estar en bolas en mi pieza
calefacción, ventanas y madera
¿pero qué pasa con los que duermen afuera?
esto es cualquiera…
pero al olmo no le pidas una pera
así está hecha en todos lados la derecha
ya sabemos cómo se agranda la brecha
ricos y pobres
la clase media cada vez es más estrecha
es deprimente
acordarse de que lo votó la gente
¿pero qué gente?
¿son inconscientes?
¿están dementes?
¡son repelentes!

con este gesto
me manifiesto
con mis amigos
voy y protesto
que si hay quilombo yo me sumo no me resto
¿vamo a esperar que se vaya todo al cesto?
porque se va todo a la mierda te lo apuesto

si te preguntas cómo termina este texto
si yo tengo soluciones para esto
bueno no tengo
si querés tengo unos libros te los presto
ya me cansé de quejarme ahora me enfiesto
pero al menos una baba yo le asesto

http://unojodelacara.blogspot.com/


*

domingo, diciembre 20


sábado, diciembre 19

En la vida




a veces pasan cosas
que
a veces pasan cosas
que
no dan
o sí dan
o no sé si dan
un remolino de viento
del centro hacia afuera.





*

jueves, diciembre 17

No creemos en las profecías del servicio meteorológico

Se habló mucho de viajes. Distancias largas sobre todo, barcos y aviones. Ella se atrevió y comentó que nunca en su vida había subido a uno. Contaron sus miedos, las pastillas para poder despegar. La chica de pelo corto y movimientos bruscos dijo que su primer y único viaje en avión había sido a Costa Rica y que en el momento de volar, la última puerta estaba entreabierta. Terror. La del novio francés habló de su viaje a los seis años a Paraguay en un avión a hélice que rebotaba para todos lados. Rieron. A ella todo ese pánico le pareció inútil, nada más emocionante que estar desplazándose en el cielo bien alto, ver las nubes y la superficie lejana. Quizá porque nunca había viajado y siempre había querido. Quizá también porque tenía otros miedos que no tenían nada que ver, por eso. El mayor era marino mercante y tenía la pinta: hombre alto, canoso, ojos celestes bien claros. Contó que recorrió casi todo el mundo y su primer viaje fue el más largo: nueve meses hasta Taiwán. No, la vida de marino no es fácil, más si tenés familia. Cuando volvés sos un extraño en tu propia casa y mientras todos los mortales laburan, vos no hacés nada. Te sentís en otro tiempo, desfasado. Brasil, Colombia, México, Chile, entre otros. Ella lo miraba en silencio y abría los ojos bien grandes en manifiesto de ese deseo feroz por salirse y dejarse ir. Tanto por conocer aún, tantas experiencias por vivir que la mente se le viajaba como en la canción. La chica de los movimientos bruscos, pelo corto, y rulos desordenados, también bajó la cabeza por un momento. Estaba ida y la otra lo percibió. Aunque hablaba más, claro, y metía sus bocados de vez en vez moviendo las manos hacia adelante y sonriendo un poco con la mirada. Después no, después se detenía con los ojos puestos sobre la mesa. El chico de la campera de rock también asistió a la reunión en el bar de las luces platinadas donde, de fondo, una banda empezaba ya a ubicar sus instrumentos, a armar la batería pieza por pieza, pero nunca se decidía a arrancar. No pudieron escucharla, no llegaron.
Decía que el hombre de la campera de rock y lengua suelta largó todo nuevamente. La propuesta de ir en carpa cada fin de semana a un lugar distinto, sin importar la distancia ni nada más. Así conocí un montón. Ella lo miraba seria desde su dolor de panza y él le pegaba la pierna por abajo de la mesa mientras los demás repetían cualquier cosa sin sentido. Hasta que se decidió y dijo basta, me quiero ir. Nadie respondió.

viernes, diciembre 11

Reciclaje II (o Electroshock)

Tengo adentro del pecho
un solo presentimiento
como de haberme tragado
una bolsa de cemento





Soy esa/la que llega de noche/camina rápido/trabando las piernas/haciendo tensión sobre cada músculo/mira para atrás y pasa por la cancha de fútbol/mira el cielo/el cable con las zapatillas
-
hay un perro blanco muy malo que siempre ladra asesino un día de estos le meto cianuro por la reja
-
soy la que piensa todo el tiempo. Cuando llego tiro las cosas/pongo música fuerte-y-como tengo euforia concentrada: bailo y salto para liberar un poco/o sino me tiro al piso (siempre quiero subir)//lo primero que hago es descalzarme_ ese es mi lema ante la vida_ te llamo /salgo al patio/hablo fuerte y grito. Me subo a la escalera que dejaron justo para mí:

un

dos

tres

cuatro escalones porque no, no tengo miedo a las alturas. Cada vez quiero subir más alto (trepar)/ hablo arriba de la escalera-discuto arriba de la escalera-y me enojo arriba de la escalera

[cielo negro y frío]

(mientras grito-muevo las manos-levanto los brazos-y me sostengo de la rama) alguien viene a decirme algo pero yo sigo con mi perorata, alguien viene, me hace señas, me busca, y no me encuentra porque estoy escondida en la escalera. Sigo.

Corto/entro/salgo de la pelea/y quiero hacer kick-boxing para descargar/mi voz está fuera de sí entonces vuelvo a poner música, electrocutada.

Esa soy yo más o menos cuando me enojo o estoy nerviosa y corro/ me vuelvo a tirar al piso/
soy la que llora en los baños públicos y baja la cabeza de tan tímida, se me apaga la voz
no sé hacer casi nada, además.

-

jueves, diciembre 10

La abuela Chola

































fotos: Paula

.

¡Viva los guitarristas zurdos!





lunes, diciembre 7

Mientras hablo por teléfono:


sábado, diciembre 5

*

Pasó tanto tiempo
desde la última vez,
que ya soy polvo
de tu memoria
muerta.
El resto débil
que habita la porción de olvido.
Como la amnesia,
que sobreviene después del accidente,
golpe en la cabeza
¿Quién soy?



.

viernes, diciembre 4

El recital más largo de mi vida (Un viaje)

Deja tu miedo atrás
alguien te sonreirá
piensa
abre tu mente al sol
todo irá mejor
antes de despertar
desde tu cuerpo actual, verás
tu voz sabrá gritar: todo irá mejor














jueves, diciembre 3

.


Para mi papá, que no lee blogs,
pero que sabe el principio de memoria

_TOM!

No answer.

_TOM!

No answer.

_What's gone with that boy, I wonder? You TOM!

No answer.


.

domingo, noviembre 29

La tijera que cortaba la tierra

-

Cuando yo era una nena chiquita como en la foto, mi mamá me leía este cuento:



Había una vez una mujer muy hermosa y muy buena que tenía dos hijos y una tijera que cortaba la tierra. Un día fue a vivir a una isla con sus dos hijos. Y en esa isla no había nada, nada; ni un árbol, ni una flor, ni un ave, ni un insecto. No había nada más que tierra, agua, y cielo.
Entonces la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una vaca de tierra. Y la vaca salió caminando y tomó agua. Y la madre ordeñó a la vaca. Varias veces colmó de leche el cuenco de su mano. Y los hijos bebieron una leche blanca, tibia y espumosa. Y la vaca, que tenía dos ojos grandes de vaca, miró a la madre con una infinita ternura.
Después, la madre cortó con la tijera varios pedazos de tierra e hizo juguetes para que jugaran sus hijos. Hizo un perro; el perro vivió y fue un perro. Hizo un caballo; el caballo vivió y fue un caballo. Hizo un tren con ruedas y con humo. Y el tren comenzó a andar por las vías. Y los hijos lo manejaron. Y como los hijos estaban desnudos, la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una gorra y un traje de guarda. Y un hijo fue maquinista y el otro hijo fue guarda. Entonces la madre cortó varios pedazos de tierra con la tijera. Hizo estaciones, barreras, horarios y campanas. Y el tren andaba y se detenía en las estaciones.
La madre con la tijera cortó un pedazo de tierra e hizo un gato de tierra; un gato con un cascabel en una oreja. Y le puso un cascabel en una oreja para que lo sintieran llegar los ratones y escaparan, y el gato no pudiera comerlos.
Después siguió cortando pedazos de tierra. Hizo más de doscientos ratones. Y los ratones corrieron. Todos con ojos y cola y con dientes y uñas. Y los ratones con las uñas escarbaron la tierra y se escondieron en las cuevas.
Después hizo un reloj. Un reloj con dos agujas puntiagudas y luminosas que marcaban la una, las dos, las tres, las cuatro, las cinco, las seis, las siete, las ocho, las nueve, las diez, las once, las doce. Después hizo un gallo. Y el gallo cantó, y el reloj comenzó a andar. Y sonaron en el reloj cinco campanadas. Y el reloj tuvo desde entonces un corazón que hacía: tic-tac, tic-tac. Un corazón de veinticuatro horas.
Después hizo una pala. Y con la pala removió la tierra. Trabajaba cantando y los hijos cantaban a su lado. Hizo una huerta. Después cortó con la tijera pedazos de tierra, muy pequeños y redondos, como ojos de hormiga, y le dijo a los hijos:
_Hijos, son semillas.
Y las sembró
Después, dijo:
_Ahora hay que regar la tierra.
Y cortó con la tijera, en el aire, unos hilos largos de lluvia. Y fue la lluvia. El agua que regó la tierra donde la madre había sembrado las semillas.
_Hijos _dijo la madre_, llueve. Protéjanse bajo un árbol.
Y se acordó de que en la isla no había un solo árbol. Y rápidamente cortó con la tijera pedazos de tierra. Hizo un árbol, y otro, y otro. Y creció un monte. Y los hijos se cobijaron bajo los árboles y no se mojaron.
Después cortó con la tijera otro pedazo de tierra. Hizo un espantapájaros y lo puso en la huerta. Y como al espantapájaros, en medio del pecho, hacia la izquierda, le latió un corazón, siguió cortando pedazos de tierra, e hizo pájaros. Centenares, millares de pájaros salían de sus manos y volaban. Y al contacto del aire y la luz, le brillaban las plumas y le nacían colores, y cantaban la dicha de vivir libres y de ser músicos.
Y vinieron los pájaros a posarse sobre los brazos abiertos del espantapájaros, y anidaron en la copa del sombrero, en los bolsillos del saco y en las botamangas del pantalón.
Y antes de que llegara la noche de ese día, la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una casa que tenía puertas, ventanas y una veleta en la parte más alta. Y cuando terminó de recortar la veleta, se abrió la puerta de calle y entraron en la casa la madre con los dos hijos tomados de la mano. Y anduvieron por toda la casa. Y como la casa estaba vacía, la madre salió al monte y con la tijera cortó ramas de árboles. Y con las ramas de los árboles hizo camas, sillas, mesas, que se fueron distribuyendo por la casa y se ordenaron cada una en su sitio. Y cuando la madre llegó a la cocina, hizo con la tijera y un poco de fuego, ollas, cacerolas, sartenes, fuentes, platos, tazas y cubiertos.
Después hizo dos canillas; abrió las canillas, y salió agua. Después se sentaron en las sillas alrededor de la mesa, y comieron. Después se acostaron, y fue la noche. Y durmieron.
Al día siguiente, la madre con la tijera y pedazos de tierra, hizo ovejas, corderos, un molino, mariposas, los grillos, y giraron las aspas del molino. Pero las luciérnagas se quedaron planas; eran un dibujo en la tierra. Sólo se animaron al oscurecer, y volaron para iluminar la casa y los caminos que rodeaban la casa.
Una tarde llegaron unos botes con un grupo de isleños que vivían en las islas vecinas. Y se quedaron asombrados al ver lo que había hecho una mujer cortando pedazos de tierra con una tijera.
Unos decían: "Es mágica"; otros decían: "Es un duende"; otros decían: "Es un milagro"; otros callaban.
Y al volver contaron lo que habían visto con sus propios ojos. Lo contaron a los niños, a los jóvenes y a los viejos abuelos que estaban sentados y fumaban en pipa. Y éstos, a su vez, lo contaron a los marineros y a los pescadores que al regresar contaban a la mujer, a los hijos y a los viejos abuelos las historias que oían de labios de isleños, esta vez narraron como si fuera un cuento: "Había una mujer que tenía dos hijos y con una tijera..."
Y un día llovió. Llovió un día entero desde la mañana hasta la noche. Después sopló un fuerte viento que quebró las ramas de los árboles y castigó con violencia los techos y los aleros de las casas.
Y al otro día siguió lloviendo, y siguió lloviendo durante varios días.
Y crecieron ríos y arroyos. Todo desapareció bajo el agua: los caminos, las huertas, los árboles, las vivienda. Y los isleños se fueron con sus botes y remando llegaron a un pueblo que estaba en lo alto de una colina. Y desde allí miraban hacia abajo, y era agua y camalotes. Y arriba un cielo del mismo color del agua. Y la lluvia, la lluvia.
De pronto un viejo preguntó por aquella mujer que unos creían que era una maga, otros un duende, y que había hecho tantos milagros cortando pedazos de tierra con una tijera.
Y todos los isleños se preguntaron:
_¿Dónde estará? ¿Qué será de ella y de sus hijos?
Y un isleño dijo:
_Yo iré a buscarlos.
Y en ese preciso instante se quedaron inmóviles mirando el cielo.
_Ahí vienen_dijo alguien
Otros dijeron:
_Son barcos.
Otros:
_Es un monte con alas.
¿Y saben ustedes quiénes venían por el aire volando y descendieron en ese pueblo que estaba en lo alto de una colina?
Una mujer, dos niños, una vaca, un perro, un caballo, un tren, un gato con un cascabel, ratones, un reloj, un gallo, una pala, una huerta, un monte, un espantapájaros, una casa, una mesa, tres camas, tres sillas, ollas, cacerolas, mariposas, grillos, luciérnagas, corderos, ovejas, un molino, flores y millares de pájaros.
Y aquí termina el cuento de una mujer muy hermosa y muy buena que tenía dos hijos y una tijera que cortaba la tierra.

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sábado, noviembre 28

¡¡¡¡¡¡¡¡I-m-a-g-i-n-a-c-i-ó-n !!!!!!!!!!!!

1 y 2

viernes, noviembre 27

Diario de un amor samurai 1

Por Pablo Ramos para Lamujerdemivida

Primera parte de una historia de amor con una chica japonesa. Ilusiones y desilusiones de un encuentro inesperado.

Esta es la historia de un amor que duró exactamente setenta y siete días. No setenta veces siete días, si no 77 días, trece horas, dos minutos y cincuenta y cuatro segundos. El 8 de junio, una semana después de mi cumpleaños, un poquito pasada la una de la tarde: o sea hoy, yo iba a recibir una herida de muerte enviada por un samurái electrónico, directo al Hara, para quedar como estoy ahora, con las tripas afuera, agonizando detrás de la heladera mostrador del almacén de la esquina de su casa, la casa de mi amada, la casa de la autora intelectual de mi asesinato.
Quiero dejar testimonio de lo que tuve que pasar, porque todo está registrado en mi pequeña libretita negra. Todo o casi todo está registrado aquí. Y para seleccionar lo que quiero que se sepa y lo que quiero que no, voy a arrancar algunas hojas, a leerlas, y a dejarlas a un costado. Para que el almacenero, mañana a la mañana, al abrir su inmundo local, pueda recogerlas y entregarlas a quien venga a reclamar mi cadáver. Las hojas que sobren me las voy a comer, y a digerir antes de mi muerte para que no puedan sacarlas a la luz los forenses cuando hagan la autopsia.
Un poco me río, pero un poco estoy llorando. Porque desde el principio quise saber lo que estaba bien y lo que estaba mal, quise entender las cosas para hacer lo correcto, pero terminé destripado como un gato en la mandíbula de un Rottweiler, bueno, en la mandíbula de un Akita hembra, pero de las grandes. Me guardo la ilusión de poder compartir con ustedes, queridos lectores, esta, mi última desdicha amorosa. Confío en que esto llegue a manos de ustedes, que me quisieron tanto. Fíjense entonces y juzguen, ya sea para mi bien, ya sea para mi mal. Total, si no sé comprender, para cuando esto acabe ya estaré muerto, enterrado, sepultado o cremado, según lo que disponga quien tenga potestad sobre mis restos. Ay de mí, señoras y señores, ay de mis pobres tripas, ay de mi pobre corazón.

23 de mayo de 2009
Estoy atrincherado debajo de la cama de Junko, mi novia. Atrincherado sí, con un palo de escoba partido a la mitad, un cuenco de arroz amarillo que ya se está poniendo verde, un pedazo del asado de la noche que es más grasa que otra cosa y dos palitos que me sirven para muchas cosas menos para comer. Ella hace pis en el baño pero el baño no tiene puerta y entonces sería inútil correr, ella es más rápida, es más inteligente, más decidida. Podría taclearme con facilidad, tirarme al suelo, retorcerme y comerse mi lengua cruda, como le gusta comer el pescado. Pero mi lengua no es un pescado, aunque a veces lo parezca, no lo es, y tiene la mala costumbre de estar pegada a mi cuerpo, y la peor costumbre aún, de no tener mucha relación con con mi cerebro. Pero eso ahora importa poco.
Tengo que salir de acá. Estoy un poco incómodo y ya hicimos el amor diecisiete veces este día. Las piernas me tiemblan y ya no tengo más jugos y mejor sería hidratarse. Necesito agua, un pomelo rosado, un poco de vino blanco con soda, necesito algo líquido. Estoy atrincherado porque ella perdió la paciencia. La perdió cuando eyaculé la vez diecisiete. Es que eyaculé poco, muy poco. Creo en realidad que no eyaculé, que sólo sentí la sensación.
-Es que bueno, diecisiete veces, Junko -le dije-, ni a los diecisiete años, ¿sabés?
A ella tengo que hablarle así. En gallego neutro. Pero no le puedo decir gallego porque no es gallego. De tú, de sabes, de vídeo, de entiendes, de "qué pijo es este restaurant", aunque a veces me acepta la palabra restaurante. Es que las traducciones del japonés son siempre así, me dice ella. Y también dice que tanto barrio me queda mal. En el habla ya se sabe, en la cama le gusta, lo del barrio, digo, le gusta mucho. Pero bueno. Mejor escribir lo justo.
Mejor registrar lo importante.
Acabé la vez diecisiete, como dije, y fue como si me cortaran las piernas, como al D. (es innombrable frente a ella y temo que intuya que estoy escribiendo su nombre). Eso, como le hizo el puto de Havelange a nuestro D. en el mundial de Gringolandia. Entonces me tiré a un costado, deshecho, pero contento: había cumplido una vez más y entonces ya era un súper hombre. Y fue de golpe, que vi, que pude presenciar la transformación. Su cara atemporal, de niña y de diosa, se hizo de cera. Su espalda recta se incorporó, como impulsada por un resorte, y un kimono rojo como el fuego, con dragones dorados y mariposas verdes y azules voló desde su baño y cubrió su desnudez. Fue tan hermoso verlo, que me quedé extasiado, pensé "jamás le di semejante orgasmo a mujer alguna" pero no era eso, no era la materialización de su orgasmo si no de su enojo.
Porque se dio vuelta para mirarme y sus ojos eran otros, rojos también. Daba miedo. Desenfundó la katana, la blandió en el aire y por suerte la volvió a guardar.
-No entendiste nada, Ramos -me dijo-. Expresás todos los sentimientos en el sexo, menos el amor.
Y se levantó, y se metió en el baño a mear.
Escribo ahora mientras ella sigue meando. Escribo en mi libreta negra, con mi lapicera negra. Ella me las regaló, Junko, que quiere decir mujer dócil, y ella lo es. Bueno, en este momento no, pero en este momento está transformada y ella no es ella. Ella es la samurái rojo, la corta cráneos, la espada vengadora, el rayo para corazones, la luz fulmina insectos, el tornado quiebra tímpanos, el alud sepulta niños, todo eso, y más, mucho más. Y yo estoy blanco de miedo, debajo de su cama, escuchando cómo canta con esa voz de ángel mientras se peina, sentada en el inodoro haciendo un largo, larguísimo pis. Un pis interminable.
Necesito agua, agüita, ahora. Y en cuanto se descuide me hago un Nunchaku con los palos de escoba y el elástico de su bombacha. Y me escapo, a practicar, sólo a eso, a practicar expresar el amor cuando hago el amor. Porque ella es peligrosa cuando no quiere, pero cuando quiere yo sólo quiero que me quiera otro poco.
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