El confín del desahogo

Un espacio abierto al delirio y a la liberación.

domingo, noviembre 29

La tijera que cortaba la tierra

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Cuando yo era una nena chiquita como en la foto, mi mamá me leía este cuento:



Había una vez una mujer muy hermosa y muy buena que tenía dos hijos y una tijera que cortaba la tierra. Un día fue a vivir a una isla con sus dos hijos. Y en esa isla no había nada, nada; ni un árbol, ni una flor, ni un ave, ni un insecto. No había nada más que tierra, agua, y cielo.
Entonces la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una vaca de tierra. Y la vaca salió caminando y tomó agua. Y la madre ordeñó a la vaca. Varias veces colmó de leche el cuenco de su mano. Y los hijos bebieron una leche blanca, tibia y espumosa. Y la vaca, que tenía dos ojos grandes de vaca, miró a la madre con una infinita ternura.
Después, la madre cortó con la tijera varios pedazos de tierra e hizo juguetes para que jugaran sus hijos. Hizo un perro; el perro vivió y fue un perro. Hizo un caballo; el caballo vivió y fue un caballo. Hizo un tren con ruedas y con humo. Y el tren comenzó a andar por las vías. Y los hijos lo manejaron. Y como los hijos estaban desnudos, la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una gorra y un traje de guarda. Y un hijo fue maquinista y el otro hijo fue guarda. Entonces la madre cortó varios pedazos de tierra con la tijera. Hizo estaciones, barreras, horarios y campanas. Y el tren andaba y se detenía en las estaciones.
La madre con la tijera cortó un pedazo de tierra e hizo un gato de tierra; un gato con un cascabel en una oreja. Y le puso un cascabel en una oreja para que lo sintieran llegar los ratones y escaparan, y el gato no pudiera comerlos.
Después siguió cortando pedazos de tierra. Hizo más de doscientos ratones. Y los ratones corrieron. Todos con ojos y cola y con dientes y uñas. Y los ratones con las uñas escarbaron la tierra y se escondieron en las cuevas.
Después hizo un reloj. Un reloj con dos agujas puntiagudas y luminosas que marcaban la una, las dos, las tres, las cuatro, las cinco, las seis, las siete, las ocho, las nueve, las diez, las once, las doce. Después hizo un gallo. Y el gallo cantó, y el reloj comenzó a andar. Y sonaron en el reloj cinco campanadas. Y el reloj tuvo desde entonces un corazón que hacía: tic-tac, tic-tac. Un corazón de veinticuatro horas.
Después hizo una pala. Y con la pala removió la tierra. Trabajaba cantando y los hijos cantaban a su lado. Hizo una huerta. Después cortó con la tijera pedazos de tierra, muy pequeños y redondos, como ojos de hormiga, y le dijo a los hijos:
_Hijos, son semillas.
Y las sembró
Después, dijo:
_Ahora hay que regar la tierra.
Y cortó con la tijera, en el aire, unos hilos largos de lluvia. Y fue la lluvia. El agua que regó la tierra donde la madre había sembrado las semillas.
_Hijos _dijo la madre_, llueve. Protéjanse bajo un árbol.
Y se acordó de que en la isla no había un solo árbol. Y rápidamente cortó con la tijera pedazos de tierra. Hizo un árbol, y otro, y otro. Y creció un monte. Y los hijos se cobijaron bajo los árboles y no se mojaron.
Después cortó con la tijera otro pedazo de tierra. Hizo un espantapájaros y lo puso en la huerta. Y como al espantapájaros, en medio del pecho, hacia la izquierda, le latió un corazón, siguió cortando pedazos de tierra, e hizo pájaros. Centenares, millares de pájaros salían de sus manos y volaban. Y al contacto del aire y la luz, le brillaban las plumas y le nacían colores, y cantaban la dicha de vivir libres y de ser músicos.
Y vinieron los pájaros a posarse sobre los brazos abiertos del espantapájaros, y anidaron en la copa del sombrero, en los bolsillos del saco y en las botamangas del pantalón.
Y antes de que llegara la noche de ese día, la madre cortó con la tijera un pedazo de tierra. Hizo una casa que tenía puertas, ventanas y una veleta en la parte más alta. Y cuando terminó de recortar la veleta, se abrió la puerta de calle y entraron en la casa la madre con los dos hijos tomados de la mano. Y anduvieron por toda la casa. Y como la casa estaba vacía, la madre salió al monte y con la tijera cortó ramas de árboles. Y con las ramas de los árboles hizo camas, sillas, mesas, que se fueron distribuyendo por la casa y se ordenaron cada una en su sitio. Y cuando la madre llegó a la cocina, hizo con la tijera y un poco de fuego, ollas, cacerolas, sartebes, fuentes, platos, tazas y cubiertos.
Después hizo dos canillas; abrió las canillas, y salió agua. Después se sentaron en las sillas alrededor de la mesa, y comieron. Después se acostaron, y fue la noche. Y durmieron.
Al día siguiente, la madre con la tijera y pedazos de tierra, hizo ovejas, corderos, un molino, mariposas, los grillos, y giraron las aspas del molino. Pero las luciérnagas se quedaron planas; eran un dibujo en la tierra. Sólo se animaron al oscurecer, y volaron para iluminar la casa y los caminos que rodeaban la casa.
Una tarde llegaron unos botes con un grupo de isleños que vivían en las islas vecinas. Y se quedaron asombrados al ver lo que había hecho una mujer cortando pedazos de tierra con una tijera.
Unos decían: "Es mágica"; otros decían: "Es un duende"; otros decían: "Es un milagro"; otros callaban.
Y al volver contaron lo que habían visto con sus propios ojos. Lo contaron a los niños, a los jóvenes y a los viejos abuelos que estaban sentados y fumaban en pipa. Y éstos, a su vez, lo contaron a los marineros y a los pescadores que al regresar contaban a la mujer, a los hijos y a los viejos abuelos las historias que oían de labios de isleños, esta vez narraron como si fuera un cuento: "Había una mujer que tenía dos hijos y con una tijera..."
Y un día llovió. Llovió un día entero desde la mañana hasta la noche. Después sopló un fuerte viento que quebró las ramas de los árboles y castigó con violencia los techos y los aleros de las casas.
Y al otro día siguió lloviendo, y siguió lloviendo durante varios días.
Y crecieron ríos y arroyos. Todo desapareció bajo el agua: los caminos, las huertas, los árboles, las vivienda. Y los isleños se fueron con sus botes y remando llegaron a un pueblo que estaba en lo alto de una colina. Y desde allí miraban hacia abajo, y era agua y camalotes. Y arriba un cielo del mismo color del agua. Y la lluvia, la lluvia.
De pronto un viejo preguntó por aquella mujer que unos creían que era una maga, otros un duende, y que había hecho tantos milagros cortando pedazos de tierra con una tijera.
Y todos los isleños se preguntaron:
_¿Dónde estará? ¿Qué será de ella y de sus hijos?
Y un isleño dijo:
_Yo iré a buscarlos.
Y en ese preciso instante se quedaron inmóviles mirando el cielo.
_Ahí vienen_dijo alguien
Otros dijeron:
_Son barcos.
Otros:
_Es un monte con alas.
¿Y saben ustedes quiénes venían por el aire volando y descendieron en ese pueblo que estaba en lo alto de una colina?
Una mujer, dos niños, una vaca, un perro, un caballo, un tren, un gato con un cascabel, ratones, un reloj, un gallo, una pala, una huerta, un monte, un espantapájaros, una casa, una mesa, tres camas, tres sillas, ollas, cacerolas, mariposas, grillos, luciérnagas, corderos, ovejas, un molino, flores y millares de pájaros.
Y aquí termina el cuento de una mujer muy hermosa y muy buena que tenía dos hijos y una tijera que cortaba la tierra.

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sábado, noviembre 28

¡¡¡¡¡¡¡¡I-m-a-g-i-n-a-c-i-ó-n !!!!!!!!!!!!

1 y 2

viernes, noviembre 27

Diario de un amor samurai 1

Por Pablo Ramos para Lamujerdemivida

Primera parte de una historia de amor con una chica japonesa. Ilusiones y desilusiones de un encuentro inesperado.

Esta es la historia de un amor que duró exactamente setenta y siete días. No setenta veces siete días, si no 77 días, trece horas, dos minutos y cincuenta y cuatro segundos. El 8 de junio, una semana después de mi cumpleaños, un poquito pasada la una de la tarde: o sea hoy, yo iba a recibir una herida de muerte enviada por un samurái electrónico, directo al Hara, para quedar como estoy ahora, con las tripas afuera, agonizando detrás de la heladera mostrador del almacén de la esquina de su casa, la casa de mi amada, la casa de la autora intelectual de mi asesinato.
Quiero dejar testimonio de lo que tuve que pasar, porque todo está registrado en mi pequeña libretita negra. Todo o casi todo está registrado aquí. Y para seleccionar lo que quiero que se sepa y lo que quiero que no, voy a arrancar algunas hojas, a leerlas, y a dejarlas a un costado. Para que el almacenero, mañana a la mañana, al abrir su inmundo local, pueda recogerlas y entregarlas a quien venga a reclamar mi cadáver. Las hojas que sobren me las voy a comer, y a digerir antes de mi muerte para que no puedan sacarlas a la luz los forenses cuando hagan la autopsia.
Un poco me río, pero un poco estoy llorando. Porque desde el principio quise saber lo que estaba bien y lo que estaba mal, quise entender las cosas para hacer lo correcto, pero terminé destripado como un gato en la mandíbula de un Rottweiler, bueno, en la mandíbula de un Akita hembra, pero de las grandes. Me guardo la ilusión de poder compartir con ustedes, queridos lectores, esta, mi última desdicha amorosa. Confío en que esto llegue a manos de ustedes, que me quisieron tanto. Fíjense entonces y juzguen, ya sea para mi bien, ya sea para mi mal. Total, si no sé comprender, para cuando esto acabe ya estaré muerto, enterrado, sepultado o cremado, según lo que disponga quien tenga potestad sobre mis restos. Ay de mí, señoras y señores, ay de mis pobres tripas, ay de mi pobre corazón.

23 de mayo de 2009
Estoy atrincherado debajo de la cama de Junko, mi novia. Atrincherado sí, con un palo de escoba partido a la mitad, un cuenco de arroz amarillo que ya se está poniendo verde, un pedazo del asado de la noche que es más grasa que otra cosa y dos palitos que me sirven para muchas cosas menos para comer. Ella hace pis en el baño pero el baño no tiene puerta y entonces sería inútil correr, ella es más rápida, es más inteligente, más decidida. Podría taclearme con facilidad, tirarme al suelo, retorcerme y comerse mi lengua cruda, como le gusta comer el pescado. Pero mi lengua no es un pescado, aunque a veces lo parezca, no lo es, y tiene la mala costumbre de estar pegada a mi cuerpo, y la peor costumbre aún, de no tener mucha relación con con mi cerebro. Pero eso ahora importa poco.
Tengo que salir de acá. Estoy un poco incómodo y ya hicimos el amor diecisiete veces este día. Las piernas me tiemblan y ya no tengo más jugos y mejor sería hidratarse. Necesito agua, un pomelo rosado, un poco de vino blanco con soda, necesito algo líquido. Estoy atrincherado porque ella perdió la paciencia. La perdió cuando eyaculé la vez diecisiete. Es que eyaculé poco, muy poco. Creo en realidad que no eyaculé, que sólo sentí la sensación.
-Es que bueno, diecisiete veces, Junko -le dije-, ni a los diecisiete años, ¿sabés?
A ella tengo que hablarle así. En gallego neutro. Pero no le puedo decir gallego porque no es gallego. De tú, de sabes, de vídeo, de entiendes, de "qué pijo es este restaurant", aunque a veces me acepta la palabra restaurante. Es que las traducciones del japonés son siempre así, me dice ella. Y también dice que tanto barrio me queda mal. En el habla ya se sabe, en la cama le gusta, lo del barrio, digo, le gusta mucho. Pero bueno. Mejor escribir lo justo.
Mejor registrar lo importante.
Acabé la vez diecisiete, como dije, y fue como si me cortaran las piernas, como al D. (es innombrable frente a ella y temo que intuya que estoy escribiendo su nombre). Eso, como le hizo el puto de Havelange a nuestro D. en el mundial de Gringolandia. Entonces me tiré a un costado, deshecho, pero contento: había cumplido una vez más y entonces ya era un súper hombre. Y fue de golpe, que vi, que pude presenciar la transformación. Su cara atemporal, de niña y de diosa, se hizo de cera. Su espalda recta se incorporó, como impulsada por un resorte, y un kimono rojo como el fuego, con dragones dorados y mariposas verdes y azules voló desde su baño y cubrió su desnudez. Fue tan hermoso verlo, que me quedé extasiado, pensé "jamás le di semejante orgasmo a mujer alguna" pero no era eso, no era la materialización de su orgasmo si no de su enojo.
Porque se dio vuelta para mirarme y sus ojos eran otros, rojos también. Daba miedo. Desenfundó la katana, la blandió en el aire y por suerte la volvió a guardar.
-No entendiste nada, Ramos -me dijo-. Expresás todos los sentimientos en el sexo, menos el amor.
Y se levantó, y se metió en el baño a mear.
Escribo ahora mientras ella sigue meando. Escribo en mi libreta negra, con mi lapicera negra. Ella me las regaló, Junko, que quiere decir mujer dócil, y ella lo es. Bueno, en este momento no, pero en este momento está transformada y ella no es ella. Ella es la samurái rojo, la corta cráneos, la espada vengadora, el rayo para corazones, la luz fulmina insectos, el tornado quiebra tímpanos, el alud sepulta niños, todo eso, y más, mucho más. Y yo estoy blanco de miedo, debajo de su cama, escuchando cómo canta con esa voz de ángel mientras se peina, sentada en el inodoro haciendo un largo, larguísimo pis. Un pis interminable.
Necesito agua, agüita, ahora. Y en cuanto se descuide me hago un Nunchaku con los palos de escoba y el elástico de su bombacha. Y me escapo, a practicar, sólo a eso, a practicar expresar el amor cuando hago el amor. Porque ella es peligrosa cuando no quiere, pero cuando quiere yo sólo quiero que me quiera otro poco.
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jueves, noviembre 26

Monstruo

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Aquella tarde había decidido no salir de su casa. Tarde de cielo gris, casi negro, frío, y una lluvia leve que volvía todo más tedioso: caminar con los pies húmedos, los zapatos de cuero mojados, las gotas heladas cayendo pesadas sobre la cabeza.
Sólo dos veces salió a la calle y por necesidades urgentes. Lo que no impidió que puteara y maldiciera entre dientes. Sus compras fueron: comida para la cena (un tomate y un churrasco), y una botella de whisky para aplacar las tensiones.
Pagó con la plata justa y volvió a meterse en su cueva mugrienta.
Demasiado contacto con el mundo externo lo asustaba, y día a día iba postergando las salidas.
El poco trabajo que le asignaban prefería hacerlo desde su casa.
Entró nuevamente a su búnker polvoriento, tiró las llaves en la mesa de la cocina y dejó sobre el mostrador la bolsa con los alimentos que había comprado. Lo único que sacó y dejó a la vista, fue la botella de whisky. Sabiendo que sería lo primero que alcanzaría.
Cansado de sólo pensar en todo lo que tenía que hacer; el trabajo postergado, las hojas y hojas que debía corregir y sobre todo, las pocas ganas de las que disponía.
Caminó hasta el living y se sentó en el escritorio, donde lo esperaba la pila de libros y los borradores desordenados. Hizo un esfuerzo y empezó a leer renglón por renglón, pero fue en vano.
Dos sonidos estridentes cortaron su lectura y más tarde se perdieron en la nada. Primero fue el tren que pasaba a toda velocidad por las vías hasta desaparecer en una línea lejana. Después fue el avión y su hélice sobrevolando el techo de la casa.
Pensó detenidamente en la impresión que le causaba este último ruido. Cada vez que escuchaba a un avión sobrevolar, se le venía a la mente la imagen catastrófica del aeroplano cayendo bruscamente sobre su casa y derrumbándolo todo.
Intentó seguir leyendo y su cabeza empezó a retumbar, leves sonidos que iban aumentando al costado de la sien. No hizo caso y siguió leyendo siempre detenido en el mismo párrafo.
El dolor iba aumentando e, inmediatamente, otra imagen apareció: ¡pequeños duendes adentro suyo, martillándole el coco!
Gritó.
Otro ruido proveniente del pasillo llamó su atención aunque era algo indefinible. Seguramente una vieja vecina molestando con la escoba, ¿a quién se le ocurriría estar barriendo a esta hora de la noche?
Luego de un instante de meditación, decidió pasar a los libros y dejar los borradores de lado. Abrió uno, abrió el otro, y solo obtuvo más confusión en su cabeza. Todo le daba vueltas.
A esta altura ya era un bombo donde se intercalaban diferentes ritmos a varias velocidades.
Se levantó, fue hasta la cocina y miró el reloj: las once de la noche. No quiso saber más nada, ni con el trabajo ni con la cena. Prefirió no probar bocado e ir a dormir. Levantó el whisky de la mesa y fue hasta su pieza. Se sentó en la cama y abrió el tercer cajón de la mesita de luz adonde solía guardar las pastillas para dormir y para los nervios. Dos alplax le parecieron una dosis justa para calmar el dolor y conciliar, por fin, el sueño. Colocó las dos pastillas en su mano y las bajó con una medida de whisky que se sirvió pensando que, de esa manera, el efecto sería más fuerte y actuaría en menos tiempo. Se acostó con los brazos bien abiertos, casi queriendo llegar a los bordes de la cama, y las piernas estiradas. No se tapó. Miró el techo, las rajaduras, las manchas, telarañas, y las pupilas se le fueron dilatando. Nada pasaba. El sueño no venía y la cabeza seguía latiendo como un pulmón que se contrae y se estira para poder respirar.
Él no, no podía respirar porque el aire le faltaba cada vez más, se iba extinguiendo. Cerró los ojos y pensó calmarse, pero las paredes del cerebro se agrandaban y otra vez sobrevino la imagen de los duendes taladrando. Quiso dormir y pensó en alguna historia. Quiso inventar. Un viaje en la ruta, un auto a toda velocidad con una bandera blanca en el techo y adelante una moto con un hombre tapado hasta los ojos, ¿quién sería? La moto que iba metiéndose en el camino del auto y el auto tocando bocinazos, puteando. La moto dando marcha atrás y un estallido.
Abrió los ojos y sintió que la garganta se le secaba, se iba volviendo algo helado que le cortaba el paso del oxígeno. Se levantó y tomó otra medida de whisky.
Las paredes empezaron a dar vueltas y veía grietas que se iban abriendo, dando lugar a la luz que le lastimaba la vista. En el piso de madera crecían pastizales, musgos y suciedad que hacían que las medias se le pegaran. Volvió a gritar. Dio vueltas alrededor de la cama y una música pesada proveniente de alguna habitación vecina comenzó a retumbar. La percepción se le volvió más sensible y pudo hacer un conteo de los golpes, de las diferentes entonaciones, los entrecruzamientos de sonidos hasta que todo se le confundió con los ruidos mundanos de la calle. Grito con todo su pecho. Golpeó los puños en la pared. Prendió la luz del cuarto y miles de burbujas fluorescentes flotaron en el aire, las mismas que se le aparecían siempre que estaba alterado. Escuchó el timbre y le temblaron las piernas, no quiso atender, jamás abriría la puerta. La cabeza continuaba doliendo y el mareo era cada vez más fuerte. Corrió y se dejó caer en la cama que parecía un barco en movimiento, blanda, un agujero que lo iba chupando. Primero las piernas, después los brazos, así hasta la cabeza. Cerró los ojos prometiendo no abrirlos hasta el día siguiente y unas voces difusas lo llamaban del otro lado, ¿pero de dónde? Le hablaban como desde adentro de un tubo. Más tarde comprendió que algo había tumbado debajo de la cama, y de ahí lo llamaban. Unos golpes repetitivos y movimientos que lo hacían deslizarse. Su cuerpo a esta altura era algo inmanejable, un muñeco frágil y articulado. No miró abajo del barco, se quedó inmóvil con los ojos totalmente cerrados. Unas manos mucho más grandes que las que podía recordar en ese momento (mucho más enormes que las de su padre martillando alguna pieza en el taller de su abuelo), le tocaban los pies, las manos y un hormigueo le recorría el cuerpo. Lo peor de todo era que no podía hacer nada, sólo apretar los visores e intentar dormirse.
-Apagón-

Día gris, leve luz iluminando la cama revuelta. Un hombre arrojado desnudo y con el cuerpo desgarrado duerme debajo de la cama.
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miércoles, noviembre 25

Día internacional de Lucha contra todas las formas de Violencia sobre la Mujer


¡BASTA DE VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES!

· Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal, seguro y gratuito para no morir, en todos los hospitales y centros de salud.
· Ni una muerta más por abortos clandestinos.
· Separación de la iglesia del Estado. Fuera la iglesia de nuestros cuerpos y nuestras vidas.
·Libertad inmediata para Romina Tejerina.
·Cárcel a los violadores.
·Desmantelamiento YA de las redes de trata y prostitución.
·Pagar por sexo es violencia.
·Aparición con vida de Florencia Penacchi, Marita Verón, Fernanda Aguirre, Andrea López y las más de 600 mujeres y niñas desaparecidas por las redes de trata.
·Basta de tratar a las mujeres como objeto sexual. Algunos medios de comunicación reproducen y son responsables de la violencia sexista hacia las mujeres.

· Basta de asesinatos de mujeres por la violencia sexista.
·Justicia para el Femicidio de Adriana “Lili” Zambrano.

· No a la heterosexualidad obligatoria.

·Basta de violencia y represión policial hacia las lesbianas, travestis y trans.

·No a el Código Contravencional. No a la reinstalación de los “edictos policiales”.

·La Iglesia, el Estado y todas sus instituciones son responsables.

·Aparición con vida de Julio López y Luciano Arruga.

·Igual trabajo igual salario.

·Contra la precarización y flexibilización laboral, contra todos los despidos y las suspensiones
.Basta de violencia a las trabajadoras de Kraft Terrabusi y reincorporación de todas y de todos, Subte, la salud, docentes y todas las trabajadoras. Por Comisiones de Mujeres en todos los lugares de trabajo. Por el derecho a organizarse, libertad sindical.
·Ni golpe de Estado, ni golpe a las mujeres. Apoyamos la lucha de las feministas en resistencia y al pueblo hondureño.
·Por la desmilitarización del territorio y del cuerpo de las mujeres en Colombia y América Latina: Fuera bases militares Yankis del continente.

25 de Noviembre de 2009
Día Internacional de lucha
¡Basta de Violencia hacia las Mujeres!
CONVOCATORIA
Miércoles 25/11 – 17 horas
Marchamos de Congreso a Plaza de Mayo
(Av. Callao - Av. Corrientes – Obelisco – Diagonal - pasando por la Catedral)

¿Qué se conmemora el 25 de Noviembre?
El 25 de Noviembre es el Día Internacional de Lucha contra todas las formas de Violencia sobre la Mujer, propuesto en 1981 en el Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, que se realizó e Bogotá.
Se eligió el 25 de noviembre para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), tres activistas políticas asesinadas el 25 de Noviembre de 1960 por la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana.
Para el movimiento popular y feminista de República Dominicana históricamente estas mujeres han simbolizado la lucha y la resistencia.

CONVOCAN:
Revista Baruyera, Lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto, Desobediencia y Felicidad, FUBA, Asociación Civil La Casa del Encuentro, Centro de Estudiantes de la Facultad de Sociales , Mujeres del Sur, Plataforma Continental de Mujeres "Paz con Justicia para Colombia" , Área de géneros- Equipo de Educación popular Pañuelos en Rebeldía, Feministas Inconvenientes, La Mella, Colectivo de Varones antipatriarcales, Mujeres de Socialismo Libertario, Las Rojas, Convergencia de Izquierda, Izquierda Socialista , Agrupación de Mujeres Pan y Rosas, Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), Organización de Mujeres Plenario de Trabajadoras, Partido Obrero, Opinión Socialista, Agrupación de mujeres Las Rojas, Movimiento al Socialismo (MAS), Agrupación estudiantil YA BASTA!, Agrupación de minorías sexuales Carne Clasista.
SE RECIBEN ADHESIONES PARA LA CONVOCATORIA
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Carnicería, Bs As, 2005
http://www.marcoslopez.com/



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sábado, noviembre 21

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1

En la parada del colectivo
una chica-fadu
combea su pelo al viento.


2

Los suicidas de la autopista
cruzan corriendo
y no miran a los costados


3

Cae un viejo
cerca de los monoblocks del Docke
luego de que la rodilla le jugara una mala pasada:
se falsea
y cae arrojado al piso
mientras tres chicos lo miran y siguen de largo.


4

Dos pibes y un borracho
toman cerveza del pico en la esquina del kiosco
donde se cruzan las calles inundadas


5

Un hombre cansado,
de ojos irritados y voz ronca,
¡harto ya!
hasta los suspiros y las quejas
revisa los pagos atrasados de las cuentas
obsesivamente.


6

una mujer maneja la línea
del colectivo 140
y otra,
la del 22 hacia al sur


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martes, noviembre 17

A

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Si supiera tocar la guitarra,
y si cantara bien,
compondría, ya, una canción.
La titularía:
'Yo no quiero ser call-center'.

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domingo, noviembre 15

Los gatos de Paula

video

lunes, noviembre 9

¡Resistencia!


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